Rabietas en niños de 3 y 4 años


Las rabietas en niños de 3 y 4 años son muy habituales, aunque suelen empezar al año y hay peques que no las tienen jamás. Surgen porque los niños están aprendiendo a gestionar su frustración y la canalizan mediante berrinches que muchas veces los papis no sabemos cómo calmar de forma educativa.

En este artículo queremos analizar cómo habría que actuar antes, durante y después de una rabieta. Normalmente nos preocupa solo el momento en el que se producen los lloros, los gritos y las pataletas, pero saber cómo gestionar la prevención y el «post-drama» es muy importante para que estas situaciones vayan a menos con el paso del tiempo.

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Prevenir rabietas en niños de 3 y 4 años

Según recomienda Edúkame, uno de los portales de referencia en educación emocional infantil, es necesario ofrecer pautas claras al niño o la niña sobre qué deben hacer. Estas normas y expectativas deben ser ajustadas a su edad por ejemplo dando explicaciones cortas y no responder enfadados..

Edúkame también recomienda decir pocas veces que «no», pero en las ocasiones que no haya más remedio es imprescindible ser claros. Deben tener una respuesta concisa al preguntarse por qué no pueden conseguir aquello que quieren ya sea un dulce cuando no les toca o el hecho de irse a la cama muy tarde cuando ya es hora de dormir.

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Otra forma de intentar reducir las rabietas es guardar fuera de su alcance los objetos prohibidos como por ejemplo los peluches cuando no es hora de jugar u objetos susceptibles de romperse o derramarse a la hora de comer con tal de evitar mayor alboroto.

Recuerda que buscamos reducir los efectos que provocan los berrinches, así que cuantas menos tentaciones existan, menos escenas tendremos que lidiar. Aun así, esta tampoco la mejor solución, ya que lo que buscamos es que aprendan a autorregularse para que empiecen a entender que cuando sean mayores no todo será como ellos deseen.

Calmar los berrinches en niños de 3 y 4 años

La primera de las reglas y, seguramente, la más importante de todas: mantente lo más calmado/a posible. Las emociones se contagian y, si el niño o niña ve cómo te enfadas o le amenazas, solo lograrás que la rabieta aumente de intensidad.

¡Pero ojo! Mantener la calma no significa ser blando. Debes mantenerte firme con tu postura pese a la rabieta y tienes que vigilar que no se haga daño a sí mismo/a ni descargue su frustración contra los demás o los objetos de su alrededor.

Durante la rabieta no intentes razonar con el niño o la niña. Puedes validar sus emociones con frases como «ya veo que estás muy enfadado» pero dejarle claro que le vas a atender cuando se calme y que no te gusta lo que hace. 

¿Qué hacer después de las rabietas en niños de 3 a 4 años?

El momento para razonar llega cuando la rabieta pasa y el niño o la niña se calma. Ahora sí que podemos hablarle sobre por qué esa conducta no es adecuada y explicarle el motivo por el cual le has tenido que decir que «no».

Todo ello con amor y sin reproches de por medio: «ya he visto que te has enfadado mucho por no comprarte chuches, pero ayer ya comiste caramelos y dos días seguidos no es bueno para los dientes. Te puedes enfadar si quieres, pero no pegarme. Si pegas, haces daño y esto no está bien, cariño».

El tiempo libre que paséis calmados en casa también resulta una ocasión perfecta para transmitirle los valores de la empatía, la comunicación y la voluntad por resolver conflictos de forma pacífica.

Para este aprendizaje, los cuentos son una herramienta ideal y todavía más si son personalizados. El niño o la niña se pone en la piel del personaje y siente empatía por la alegría, el miedo, la tristeza o la emoción que viven los dibujos del cuento. 

Uno de nuestros libros favoritos para que lo lean padres e hijos juntos es El dragón de las estrellas. En él, personajes como un caracol, un mono, un pato o un elefante interactúan con el protagonista y su compañero, el dragón Dúgul, haciéndoles cosquillas, besuqueándolos, abrazándolos… ¡Una gran oportunidad para que ambos demostréis vuestro cariño!