Personajes principales y secundarios de El Principito


El Principito, obra de Antoine de Saint-Exupéry, es el libro infantil más leído de la historia, aunque no solo por niños y niñas. La magia de este cuento se encuentra en que los adultos también disfrutan de esta historia, que incluye lecciones de vida aplicables en el día a día.

Todas las enseñanzas sobre la amistad, la tristeza, el amor o la capacidad de superación vienen dadas por personajes icónicos que llenan al libro de una riqueza filosófica única. Un niño o una niña de 5 años no interpretará lo mismo de las palabras del zorro que un adulto de 40… y ahí está parte del encanto. Y tú qué ves, ¿un sombrero o una serpiente que se comió a un elefante?

A continuación te recordamos cuáles eran los personajes principales y secundarios de El Principito, te revelamos su significado y destacamos algunas de sus frases más célebres. Así, cuando leas el clásico junto a tus peques, podrás reflexionar con ellos sobre el sentido profundo de la historia.

Psst, psst, tenemos un regalo para ti

Personajes principales de El Principito

El Principito: Es el personaje principal de la obra. Partió del asteroide B612 hacia otros planetas para hacer amigos, aunque al llegar a la Tierra entiende que no puede vivir sin su rosa y decide volver. Sus preguntas y reflexiones a simple vista pueden parecer las de un niño al que le falta madurar, pero esa inocencia es la que permite reflexionar a los adultos sobre su forma de afrontar la vida.  

El narrador / aviador: El narrador principal de la historia es un aviador que intenta recuperar al niño que todos llevamos dentro y explica cómo los adultos acabaron con su anhelo de ser dibujantes de pequeños. Es por ello que critica al resto de adultos con frases como: «A los adultos les encantan los números. Cuando les cuentas que tienes un amigo nuevo nunca te preguntan por lo que realmente importa. Nunca te dicen ‘¿Cómo es su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Colecciona mariposas?’ En vez de eso te preguntan ‘¿Cuántos años tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto dinero gana su padre?’ Sólo entonces creen conocerlo». 

El niño o la niña en nuestro cuento personalizado: En El Principito y yo, el libro personalizable de MiCuento trabajado con el sobrino-nieto de Antoine de Saint-Exupéry, se incluye el personaje de un niño o una niña que puede ser tu hijo/a, tu nieto/a o incluso tú mismo/a. En el cuento, ese personaje aterriza por accidente al planeta del Principito, que le explica toda su historia mientras le acompaña de regreso a casa.

Personajes secundarios de El Principito

Rosa: Es el personaje que simboliza el amor y la inocencia del Principito. Ella, que es hermosa y bien perfumada pero a la vez frágil y complicada, es el motivo por el cual el principito se va de su planeta pero también la razón por la que volver. Cuando la rosa comprende que el Principito se irá, le pide perdón y no acepta que la cubra con el globo: «es preciso que soporte dos o tres orugas si quiero conocer las mariposas».

Zorro: Plantea la necesidad que tenemos de relacionarnos y de tener alguien en quien confiar. También ayuda al Principito a ver que verdaderamente ama a la rosa con una de las frases más bonitas del cuento: «he aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos».

Rey: En su viaje, El Principito llega a un asteroide habitado únicamente por un Rey, que está muy contento de por fin tener un súbdito. Para convencer al Principito que se quede le ofreció ser ministro de justicia. El Principito le responde que no hay nadie más allí para juzgar, a lo que el rey le responde que «es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio».

La serpiente: Es el primer personaje con el que se encuentra el Principito al llegar a la Tierra y le ayuda a reflexionar sobre la soledad. Aunque estemos rodeados de personas nos podemos sentir muy solos si nadie nos entiende o nos sentimos defraudados. 

El cordero: Parece un personaje irrelevante, pero representa a esos amigos que necesitamos tener en momentos de soledad, aunque también pueden volverse en nuestra contra, en este caso comiéndose a la rosa.

La caja: La dibuja el narrador en un momento en el que no le sale dibujar al cordero y dice «Esta es la caja. El cordero que quieres está dentro», haciendo alusión a la imaginación que falta a los adultos y que le sobra al Principito o a la infancia que él encarna.

Los baobabs: Cuando el autor nos alerta diciendo «¡Niños, atención a los baobabs!» nos está diciendo que los problemas hay que solucionarlos antes de que sea demasiado tarde.

Los volcanes: A diferencia de los baobabs, son aquellas tareas que hay que hacer día a día con para que todo vaya bien, aunque no nos apasionen. Sirven para poner en valor la disciplina y el esfuerzo.

El farolero: Encargado de encender un farol cuando oscurece y apagarlo cuando es de día, se gana la confianza del Principito gracias a su trabajo bien hecho. Aun así, nos ayuda a reflexionar sobre el paso del tiempo y de la monotonía del trabajo en la que están inmersos los adultos.

El vanidoso: Reencarna el egoísmo y la necesidad de ser reconocido: «admirar significa reconocer que soy el hombre más hermoso, mejor vestido, más rico y más inteligente del planeta”. Sin embargo, esa vanidad puede tener como consecuencia el rechazo del resto de personas y quedarse solo.

El borracho: Representa a esas personas incapaces de afrontar los problemas y que se encuentran en un callejón sin salida por culpa de esa inacción.

El hombre de negocios: Este personaje, siempre más preocupado por contar cuántas estrellas posee que por cualquier otra cosa, refleja la avaricia y la ambición, aunque negativamente. No aprecia el valor de las pequeñas cosas y se vuelve un esclavo del trabajo.

El geógrafo: Es sabio, inteligente y con inquietud por descubrir mundo. Es mucho más completo que otros personajes pero también comete otro error típico de los adultos: no experimentar. Todo lo ve desde su despacho en lugar de salir a explorar aquello que tanto le fascina. 

El mercader: Nos recuerda que vivimos en un mundo en el que, lejos de toda ética moral, todo se compra y se vende. Importa más el beneficio económico que las personas.

El guardagujas: Parecido al farolero, simboliza la monotonía. Por culpa de ella no se piensa qué queremos ni adónde vamos, de manera que la rutina lo absorbe todo. Como dice el guardagujas, «Solo los niños pegan bien sus narices en los cristales y lo observan todo».