Mi hijo de 2 años me pega y muerde

Saber cuál es la mejor forma de reaccionar cuando tu hijo de 2 años te pega o muerde no siempre es fácil. Hace poco tiempo era un bebé adorable y, en un abrir y cerrar de ojos, el niño o la niña dice que «no» a todo y tiene rabietas que no solo se limitan a llorar y gritar, sino que también incluyen puñetazos, patadas o mordiscos.

Como padres, tendemos a preguntarnos qué hemos hecho mal y cómo podemos revertir esas conductas antes de que sea tarde. Sin embargo, hay que saber que se trata de una época en la que estos comportamientos son habituales y nada tienen que ver con que sea un «niño malo», como se nos ha hecho creer muchas veces.

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A continuación, tal y como hicimos en nuestro artículo sobre cómo afrontar con amor las rabietas en niños de 3 y 4 años, te explicaremos los motivos por los que tu hijo de 2 años se porta mal y cómo debes reaccionar cuando eso ocurre.

¿Por qué un niño de 2 años pega a su madre o a otros niños?

Los dos años es el inicio del periodo de autoafirmación, tal y como cuenta el portal de referencia en educación emocional Edukame. Nuestros hijos intentan salirse siempre con la suya, no aceptan los «no» y desafían a aquellos que les ordenan algo que no les gusta. 

Cada niño es un mundo y es posible que este comportamiento empiece un poco después de los 2 años o incluso antes. Por esa razón también es complicado marcar una edad en la que terminan las pataletas y en la que el pequeño ya es consciente de que existen otras formas de expresar su enfado.

Quédate con la idea de que tu hijo de 2 años muestre su disconformidad pegando o mordiendo es algo normal en su edad y que no significa que «seamos los peores padres del mundo» o que tu hijo «sea malo». Aun así, seguro que te preguntas qué hacer cuando ocurren estas situaciones y cuál es la mejor forma de actuar. 

¿Cómo reaccionar cuando mi hijo de 2 años pega y muerde?

Cada vez que tu hijo pegue o muerda, tu reacción debe ser la misma. Hay que ponerse serio, pararle las manos y decirle a los ojos mensajes como «pegar está muy mal porque hace daño y a nadie le gusta que le hagan daño», «no se muerde, esto está mal hecho y es muy desagradable», «con las manos se dan caricias y con la boca se dan besos, no se hace daño». La reacción tiene que ser la misma en toda la familia, en caso de que se comporte así con los tíos, los abuelos, etc. 

No hay que decirle nunca que es un mal niño, porque no es cierto. Está haciendo cosas malas pero para esto están los padres: para enseñarle qué está bien y qué está mal. Papá y mamá ponen las normas y hay que cumplirlas. Los niños no tienen derecho a marcar los límites, aunque sí a enfadarse.

Tampoco hay que recurrir nunca a pegar al niño. Es contradictorio y dañino decir al pequeño que no se pega mientras tú lo haces. Es mucho mejor dejarle claro que si se pega, por ejemplo a compañeros de guardería, es posible que no quieran jugar más con él..

Al principio es posible que te sientas mal por actuar con tanta firmeza o que veas que en lugar de calmar al niño todavía se rebele más. Sin embargo, con paciencia, amor y constancia verás que al cabo de los meses las rabietas con mordiscos y puñetazos van a menos. 

Además, puedes aprovechar los momentos de más calma para hacer cosas juntos y estrechar vuestros lazos. Una de las más educativas y tranquilizantes es leer un libro personalizado como ¿Qué ves en las nubes? o Miffy y yo: Un día genial, con el que el niño o la niña deja volar su imaginación y se relaja junto a la mamá o el papá.